Bonvallet, la tragedia del personaje televisivo

Por @Ignacio Gac y @JoseHernandezP.

Padre muerto por trabajar en una mina, madre exiliada, jugó en la U, la UC, en Estados Unidos, titular en el mundial del 82, finalista en Copa América, las lesiones y sus malos tratamientos lo llevaron al retiro. Estuvo a punto de llegar al cuerpo técnico de la selección chilena (su sueño). En las comunicaciones se fue contra ‘los poderosos’ cuando nadie lo hacía, no tenía miedo, su estilo era único. Entrevistó a Pinochet. No le fue bien como director técnico a nivel profesional (sí universitario). Le sacó la mugre al pololo que golpeaba a su hija. Tenía depresión endógena, venció al cáncer, llenó el Caupolicán. Quería ver a Chile como campeón de América. Y se suicidó un 18 de septiembre ahorcado con su cinturón.

Para la televisión la construcción de un personaje pintoresco es fundamental, ya que su modelo es comercial, centrado en la mercantilización de la audiencia para su transacción en el mercado de la publicidad. Requiere de relatos espectaculares para una masa que sigue la corriente y busca ser sorprendida. Don Eduardo Guillermo Bonvallet Godoy era parte de esa jungla, un arquetipo construido en esa estridente tele noventera que tanto icono pop nos dio, pero él seguía haciéndose en los 2000.

bonvallet

Su discurso era directo, histriónico, patriota, daba frases ‘para el bronce’, tenía humor, llegaba al corazón de la gente, en favor o en contra. Un hombre que sabía cómo hacerles llegar el show, en ese sentido, fue un adelantadoFue en la radio, su mundo, donde emergió el mito, allí el tipo daba charlas motivacionales notables, eso fue lo que enganchó a sus seguidores más acérrimos. Era más que el fútbol, unía ese deporte con lo motivacional, ambos elementos hicieron considerarlo El Gurú.

Lo esquizofrénico de esta construcción mediática es el triste final del personaje. Bonvallet al suicidarse  se convierte en una víctima del propio personaje televisivo que hizo y que generó tanta audiencia; “la voz más potente de Chile”. Su hija Daniela comenta: “Tengo todos los cuadernos con los punteos, lo que escribía. Era un artista. Era una persona muy meticulosa. Él sabía que tenía depresión, pero se los dejaba de tomar (los remedios) porque no lo dejaban ser ese personaje. No quiso tomar la cura de sueño porque no quería que la prensa hablara”.

Bonvallet

Cuando hacía su charla motivacional hablaba también para motivarse a él mismo, de su depresión endógena (y de su separación de su primera esposa que fue un gran sufrimiento de su vida). En su fase final, el gurú quedó sin gurú, dejó de creer en ‘Dios’… era un sostén en su vida. “El Gurú”, ese personaje televisivo, esa caricatura dentro de su cabeza, estaba atormentando a Eduardo. En buena parte vivía para él y por él, así como un genio creativo, al final lo terminó destruyendo.

“El Gurú” se apoderó de su consciencia como pesadilla de un poema maldito y se mezcló con sus problemas más personales. Tan trágico es lo que hace el personaje televisivo que incluso genera un relato de muerte acorde a su guión: Morir un 18 de septiembre, en plena ‘fiestas patrias’, con la filtración de su tétrica foto muerto, y la prensa haciendo carroña del suceso. Pero ya siendo ‘campeón de América’. Muy a lo Bonvallet.

"Yo veo a esos dos en cancha (Jara-Rojas) y me corbateo, prefiero corbatearme inmediatamente, pa qué voy a sufrir 90 minutos"
“Yo veo a esos dos en cancha (Jara-Rojas) y me corbateo, prefiero corbatearme inmediatamente, pa qué voy a sufrir 90 minutos”

Cuando la ficción y la realidad chocan, ocurre la “metaficción”, donde se producen este tipo de fenómenos. La realidad de la tele (del espectáculo) se confundió con la realidad “real”, patología muy propia de esta era de las apariencias y de lo que puede diagnosticarse como depresión. El cuándo (festividades) y el cómo de su muerte demuestran su grave enfermedad a nivel psicológico.

el guru

La locura por aparentar o ser algo es un síntoma de  una sociedad que ha dejado definitivamente de creer en cualquier tipo de ente superior institucional y que da como resultado solo poder confiar en ‘uno mismo’. Y ese ‘uno mismo’ tiene que ser interesante para los otros. ¿Si no creo en mí mismo, en qué cresta voy a  creer? Por eso “El Gurú” decía que era el mejor. Quizás la respuesta final debería ser “soy como soy y no tengo que aparentar nada”.  Pero el ego y la “trascendencia” son valores filosóficos que al parecer, nuestra humanidad toma más en cuenta que otras cosas más simples de valorar.

Te queremos Bonvallet, porque eras diferente.

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