‘El problema con el humor es que nadie lo toma en serio’

Por Ignacio Gac

La cita de Mark Twain sigue muy vigente, no se ha escrito al respecto, el aporte de los mismos humoristas, periodistas o críticos no existe, pero discretamente la gente se ha empezado a dar cuenta de ciertas cosas. El Festival de Viña de este año fue el detonante que hizo reflexionar al respecto, aunque sea en 140 caracteres.

El humor tiene que ver justamente con lo que hemos visto en medios y agitadamente en redes sociales, porque es un modo de interacción social complejo que mantiene como pilar fundamental lo impredecible. Es el stand up comedy quien agita las aguas. Pese a ser un género humorístico individualista y burgués, tiene la oportunidad de protesta frente al status quo. Otra característica principal es que posee elementos que convocan a algo colectivo (identificación)Luego de un largo tiempo hay comediantes que dieron con eso y el público lo ha empezado a descubrir.

Sí, Coco Legrand lo lleva haciendo durante décadas, más allá de clasificaciones y extranjerismos, él fue uno de los pioneros en relatar las historias de esa manera especial y tocar temáticas sociales. Él contó con el privilegio de vivir en Estados Unidos, llenándose de influencias, incluso vio a Lenny Bruce en vivo, pero ha sido un solitario cuyos esfuerzos han demorado en prosperar.

El stand up comedy llegó a irrumpir de manera similar a cómo chocó el sentido de humor europeo proveniente de las clases dominantes con  las clases populares durante la colonia. Su frialdad y racionalidad intervino en las festividades y humor indígena. Actualmente, su influencia no está solo en el formato que se dio conocer aquí por televisión, sino que también se llegan a imitar intereses o preocupaciones.

En un comienzo el humor chileno reía de la vida y de las experiencias positivas de ésta, hoy se ríe de aquello que hace infeliz, de lo que produce amargura y preocupación. Ha mutado, ha pasado del circo, a revistas de artistas, a Viña, programas de entretención, teatros y bares. Vemos una transición notable del “cuenta-chistes” a la elaboración de historias un poco más complejas que dan cuenta de una realidad nacional. Lo que concuerda con lo señalado por teóricos de la antigua Grecia, quienes concebían la comedia como una representación de la realidad.

Cómo no va estar cambiando el humor chileno, si han ido mutando los acontecimientos políticos y sociales; si incluso existen dificultades para definir lo que sería “lo chileno”; y estamos abrumados frente a una vida que nos quita todo.

El stand up comedy se aleja de nuestras raíces, ligadas a un humor caracterizado por venir de sectores populares. Hoy se pasa a un estilo de humor anglosajón, preparado, pensado y crítico. Instalando la lógica del humor irónico, que busca la reflexión y crítica al orden social o injusticias. Colocando en palabras aquello que –aparentemente- no se puede decir en público, una manifestación que dejaría en evidencia ciertas situaciones conflictivas para la sociedad debido a la carga emocional que provocan. Lo que señalaba Freud.

Entre broma y broma la verdad se asoma”, tanto así que asusta a la editorial del Mercurio. Todo esto puede vincularse hasta con el desarrollo de un país: ¿Cómo es posible progresar como sociedad, tener conciencia de lo que sé es, sin la capacidad de mirarse a sí mismos y reflexionar críticamente acerca de una realidad? Esta tarea puede hacerse sin duda desde el periodismo u otras maneras, pero quizás entre los mejores modos, es a través del humor. Un ejercicio necesario, sano, que puede contribuir a una verdad y a la justicia. ¿Alguien más vio a Hinzpeter después de que Kramer lo sepultará? ¿Alguien seguirá respetando a Gustavo Hasbún después de Viña 2016? Además, sirve para aliviar tensiones de una sociedad altamente estresada.

La difusa reestructuración social le ha dado entrada a nuevos códigos culturales y otras formas de pensar. Ahí llega el stand up a Chile, otro modelo extranjero en que nos apoyamos, el cual se ha adaptado a nuestra propia idiosincrasia, siendo poco a poco naturalizado como propio. El público chileno se ha enfrentado a esto con sorpresa, no está acostumbrado, debatiéndose entre aquellas “reflexiones” o visiones sobre la sociedad versus la cotidianidad y cuestiones simples de la vida diaria que lleva a cabo la vieja escuela tipo Los Locos de Humor (quienes también han recibido algo de esa influencia).

Pese a que las temáticas del stand up tienen aquellas particularidades, hablar de política o religión son temas que son considerados delicados. Cuando alguien toca alguno de esos temas, es visto como “polémico”, cuando en otras partes del mundo es normal hacerlo. En ese sentido, el historiador Maximiliano Salinas dice que el stand up dentro de la televisión sigue al servicio de aquellos que tienen poder.

El resultado es un humor chileno que es más bien una mezcla de significados e interpretaciones propias y extranjeras.

Por ahora la leve dinamización del stand up comedy en Chile se hace presente, Viña fue su escenario. Fue el lugar propicio para que la gente considere cuál humorista le parece bueno o no, acorde a lo que conoce, a comparaciones sobre lo que le gustaría que fuera, aunque no estén totalmente explicitadas. Sin embargo, la lectura del humor no tiene que ver con los personajes, sino que con una imagen que se tiene del todo.

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