“Nadie Está Libre”, un castigo disciplinario innecesario

Por Ignacio Gac

Me molesta que la tele meta a chicos(as) de incluso 18 años a la cárcel para que cambien su conducta. Son prácticas correctivas que no ayudan al concepto de educación, retrocedemos. Qué es eso de “enseñar” a través del miedo, bajo amenazas o “papes”.  ¿Qué derecho tienen de meterse en la vida de estos jóvenes y aplicarles un castigo disciplinario?

Hay una mirada condescendiente con las personas, en el mal sentido de la palabra, una mezcla de un sentimiento de superioridad con una extraña amabilidad hacia la persona a la que supuestamente se intenta beneficiar, para humillarla. Un sesgo elitista, una hipótesis de que los participantes del show, incluyendo a las familias, son gente embrutecida y que deben salvarlos de sus crisis morales.

Canal 13 manipula totalmente a las personas que cayeron presas para que los niños que participan queden en shock. Y las expone. Es un programa que ejerce violencia en estos grupos sociales que se ven como culturalmente deficientes o que no comparten los mismos valores. Lo que contribuye a agrandar las asimetrías de la sociedad.

Se supone que después del paseo a la cárcel que va de 8 a 17 horas, los niños cambian su vida, pero hay una sobrevaloración de la introspección y del juicio que hacen estos muchachos.  Nunca vivieron como presos. Es un programa decimonónico, irresponsable, grosero, que carece de un sentido humano (humano de verdad no del tipo “la nota humana”).  Y va en la misma línea de otros programas como ‘En Su Propia Trampa’ o ‘Alerta Máxima’.

Se infantiliza a estos jóvenes con este tipo de correctivo, los inferioriza. Buscan que estos sometidos se asemejen o se adapten a la clase dominante, de lo contrario tendrán que vérselas en la cárcel. Se criminaliza la marihuana para uso ‘recreativo’. Mientras que a los televidentes se les induce un pensamiento políticamente correcto y castigador (cosa de ver Twitter).

No aprendimos nada del incendio de la cárcel de San Miguel, nada. Canal 13 sigue obsesionado con tomar para la chacota la problemática  de la cárcel. A quién le importa el hecho de que una mujer sin educación ni trabajo caiga 10 años presa en miserables condiciones porque robó.

Lo que rescato personalmente del programa tiene que ver con esto último, algo más que secundario en el show: el poder “conocer” algunas dramáticas historias de encierro que al menos para mí dan cuenta de una sociedad sanguinaria. No necesito verlo bajo el morbo o la estigmatización. Casos como el de un hombre que llevaba seis meses en un calabozo de castigo o el de un señor que cursaba 1° y 2° medio desde la cárcel a sus 52 años.

Por último, ¿quién cresta manda a un hijo a la cárcel y a la tele al mismo tiempo?

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